Aunque la posibilidad que sufras una hemorragia nasal al correr es reducida, es importante que sepas quiénes están más expuestos y cómo prevenirla o tratarla.

Sus fotos y videos con el rostro ensangrentado dieron la vuelta al mundo. Corría el kilómetro 10 del maratón femenino del Campeonato Europeo de Atletismo, en Berlín (Alemania), y la bielorrusa Volha Mazuronak comenzó a sangrar profusamente por su nariz. Para no perder tiempo, corrió durante largos kilómetros con mucha sangre en su cara y cuello, hasta que decidió lavarse. Al final, el sufrimiento valió la pena y ganó la competencia.
¿Qué tan expuestos están los corredores amateur a sufrir un problema similar? El Dr. Felipe Rojas, Deportólogo de Clínica MEDS, explica que las hemorragias nasales, o epistaxis en términos médicos, se producen durante el ejercicio cuando se juntan dos elementos. “Primero, hay que tener una predisposición, principalmente anatómica por debilidad en los capilares sanguíneos que se encuentran más expuestos en las fosas nasales, lo que es netamente genético, modificable solo con cirugía. Y, segundo, se debe gatillar un aumento en la presión sanguínea, generándose microroturas en los vasos sanguíneos de la persona. Durante la actividad física se produce un aumento transitorio en la presión de estos vasos, pero también hay otros factores que influyen como el calor, la deshidratación, y el consumo de ciertos fármacos o inhaladores, así como de algunos suplementos como la cafeína”, revela.

Señala también que la epistaxis es un motivo de consulta médica frecuente: Al menos un 55% de la población general ha ido al médico en algún momento de su vida por esta causa, mientras que en deportistas esta prevalencia baja a un 30%. “Son pocos los trabajos relacionados específicamente con running, pero según algunas publicaciones durante competencias de 42 km su incidencia es cercana al 6%. Otras investigaciones han concluido que al menos un 30% de los runners ha presentado episodios de epistaxis en sus sesiones de entrenamiento. Sin embargo, estos datos son bien relativos, dependiendo de las condiciones de entrenamiento que presente cada corredor”, añade el Magister en Actividad Física y Salud de la Universidad de Barcelona.

¿Parar o no Parar?

A juicio del especialista, si el sangrado ocurre de manera espontánea y es de baja cuantía, menor a 50 ml, no debería generar mayores consecuencias en los corredores. “Sin embargo, si es sobre esa cantidad se pueden producir episodios de hipotensión, taquicardia, mareos, cefalea y tos refleja. Y si sucede reiteradamente en el tiempo (dos veces en un mes o al menos cuatro episodios en un año) suelen aparecer algunos trastornos como anemia, disminución de la capacidad aeróbica, cansancio y somnolencia, entre otros problemas”, advierte, recomendando consultar a un médico experto en el área, idealmente otorrino.
También especifica que el deportista podría seguir ejercitándose siempre y cuando no tenga alguno de los síntomas antes mencionados. Pero si sufre dos episodios durante una misma sesión, ya sea de entrenamiento o carrera, está recibiendo otra potente señal para detener la actividad.
¿Se pueden prevenir estas hemorragias? Felipe plantea que si una persona ha sufrido de epistaxis anteriormente puede disminuir las probabilidades de padecerla otra vez mejorando las condiciones de carrera. Esto implica, por ejemplo, utilizar vestimenta ad hoc con la alta temperatura en verano, incluyendo el uso de gorra o jockey para proteger la cabeza del impacto del sol, e hidratarse adecuadamente.
Luego da otro consejo: “Hay que evitar el uso de suplementos o fármacos que aseguren aumentar el rendimiento sin tener una asesoría médico-deportiva que indique si es necesario o no consumirlos. A veces, medicamentos tan inocentes como la aspirina provocan una mayor predisposición a epistaxis, y eso no está en conocimiento de todos los corredores”.