Transpirar o salivar demasiado al correr puede deberse a diversos factores y traer consecuencias variadas. Al menos la primera se puede prevenir.

Estoy sudando como “caballo” se le oyó decir, con un dejo de ironía e incomodidad, a un corredor mientras trataba de mantener una zancada uniforme en una de las corridas santiaguinas del último tiempo.
Él y muchos runners, por no decir la mayoría, han soportado una o más veces una transpiración aparentemente excesiva, mientras que un grupo menor se ha quejado también de una salivación abundante.
¿Existen parámetros para determinar si estas situaciones escapan a los cánones normales mientras se trota? El Dr. César Kálazich, especialista en Medicina Deportiva de Clínica MEDS, comenta: “La mejor manera de precisar si la sudoración es excesiva o no es a través de la tasa de sudoración, que básicamente se calcula pesándose antes y después de correr. Lo que se pierde en peso después de una carrera o entrenamiento es agua (1 kilo es igual a 1 litro)”.
Algunos estudios sitúan la tasa de sudoración normal entre 0,9 y 1,7 litros/hora, aunque también depende de la temperatura y humedad ambiente, viento, intensidad del ejercicio, tipo de ropa y tamaño corporal. “Es una buena aproximación pero no es exacta”, indica.
Sobre la salivación excesiva o sialorrea, el facultativo afirma que “en deportes se sabe menos sobre ella y generalmente no es tan significativa como para generar deshidratación. Suele ser un síntoma de estados emocionales, de algunas enfermedades neurodegenerativas o causada por el uso de prótesis dentales”.

Respuesta Normal

César deja en claro que la sudoración es una característica personal y genética, además de una respuesta normal al ejercicio. Añade: “Es el principal mecanismo termorregulador y encargado de eliminar las sustancias tóxicas. La sudoración excesiva, que podría darse en el contexto de un ejercicio intenso, se presenta si no se reponen las pérdidas de líquido de forma adecuada y nuestro balance hidroelectrolítico es negativo”.
Enseguida advierte que la inadecuada reposición hidroelectrolítica, con pérdidas de agua mayores al 2% del peso corporal, puede tener consecuencias nefastas en el rendimiento. “Y a medida que ésta aumenta, también tiene efectos en la salud: incremento de la temperatura central, desbalance de sodio y potasio, riesgo de arritmias…”, revela.
A su vez, la sialorrea puede provocar sequedad bucal y mal aliento (halitosis). En cuanto al rendimiento, aún no hay estudios que determinen su detrimento por esta causa.

Prevención y Tratamiento

El Dr. Kálazich plantea que la transpiración excesiva se puede prevenir “evitando comenzar el ejercicio ya con cierto grado de deshidratación. También con una adecuada reposición hidroelectrolítica al haber pérdidas, ya sea solo con agua o con soluciones isotónicas. Lo ideal es conocer la tasa personal de sudoración en distintas situaciones de temperatura, humedad e intensidad de la práctica deportiva para conocer exactamente cuánto líquido se requiere para mantener el balance hidroelectrolítico”.
Manifiesta, asimismo, que un corredor requiere apoyo médico cuando las pérdidas de agua y electrolitos exceden la reposición. Y también cuando hay manifestaciones de deshidratación moderada a severa u otras patologías como un golpe de calor.
En estos casos, se realiza primero una reposición hidroelectrolítica oral (con soluciones isotónicas) si el corredor está consciente y sin vómitos. Si lo anterior no resulta, se debe instalar una vía venosa y suministrar líquido a través de suero fisiológico u otro, dependiendo del estado del atleta.