Hasta un 12% de los corredores puede llegar a sufrir el Síndrome de Fricción de la Banda Iliotibial. ¿Sabes cómo prevenirla, detectarla y tratarla?

Si tu objetivo es seguir poniéndote desafíos, como llegar a correr un 21K, participar en un maratón o probar suerte en el trail running, te felicitamos y apoyamos. Pero, ¡cuidado! Si no tomas buenas decisiones puedes llegar a sufrir el Síndrome de Fricción de la Banda Iliotibial (SFBI), que afecta a entre el 3 y 12% de los corredores en algún momento de su vida deportiva. “Se produce generalmente por cambios de distancia, en el tipo de superficie y/o de inclinación de los planos de práctica. Es una de las patologías generadas por sobrecarga”, afirma el Dr. Camilo Azar, médico traumatólogo de Clínica MEDS.
Michelle Young, kinesióloga de Medpro Clínica, aporta otras causas del SFBI, que explica el 35% de las lesiones de rodilla en runners: factores internos como la debilidad del glúteo medio, alteración de la estabilidad lumbopélvica, esguinces reiterados de tobillo, dismetría de extremidades inferiores o factores externos como planificar erróneamente el entrenamiento, sobreuso de calzado deportivo más allá del kilometraje recomendado…
Se trata de un cuadro clínico que afecta también a ciclistas y que se presenta al trotar como un dolor en la zona lateral de la rodilla. Es inicialmente leve, pero puede ir incrementándose hasta hacerse casi permanente, incluso en reposo, llegando a impedir la práctica deportiva.
“A los corredores les afecta porque el pie toca el suelo con una flexión de entre 20 y 30°, lo que produce un periodo prolongado de contacto entre la banda iliotibial y la grasa, la bursa y otros tejidos blandos que se encuentran en la zona del epicondilo lateral del fémur”, explica el profesional de MEDS.

Prevención y Tratamiento

Para evitar su aparición, Azar recomienda lograr un “excelente balance muscular a través de trabajos de fortalecimiento y elongación, desde el core hacia el distal, incluyendo toda la musculatura de las caderas. Además, hay que corregir factores estáticos como el tipo de pisada pronadora y evitar los cambios bruscos de superficies, distancia e inclinación de superficies”.
Michelle aconseja potenciar la musculatura de la cintura pélvica y los estabilizadores lumbo-pélvicos (cuadrados lumbares, glúteos, cuádriceps, isquiotibiales, abdominales). Y realizar elongaciones de musculatura de banda iliotibial, isquiotibiales, glúteos y cuádriceps. “También es muy importante usar el calzado correcto y, después de trotes intensos o de mucho volumen, masajear con hielo la zona lateral de las rodillas para prevenir inflamaciones provocadas por el impacto”, añade.
Si la patología se diagnostica, Camilo plantea que el tratamiento buscará conseguir en el paciente un “buen balance muscular, corregir sus alteraciones anatómicas, instruirlo de los cuidados en la práctica deportiva y lograr que retome progresivamente la actividad. De manera ocasional se requiere alguna infiltración local, pero lo esencial en este proceso es la rehabilitación con kinesiólogo. La recuperación completa toma en promedio entre 6 a 8 semanas. Ideal también es realizar al corredor una evaluación biomecánica para corregir errores en el trote, lo que hacemos en el laboratorio de biomecánica de MEDS”.
Por su parte, la kinesióloga asegura que en Medpro no son partidarios del reposo total, “por lo que siempre se sugiere realizar una modificación en la pauta de entrenamiento que permita efectuar un reposo activo (con bicicleta bien posicionada, elíptica, idealmente natación y preparación física) y aplicando frío local”.
Michelle especifica que el tratamiento kinésico persigue, en una primera instancia, encontrar la causa principal de la lesión. Por tratarse de un síndrome, la patología tiene varios factores causales, por lo tanto hay que tratar la causa y no el efecto. “Idealmente se debe manejar el tejido blando comprometido, liberando la banda iliotibial y músculos que pudieran estar comprometidos, como el cuadrado lumbar, glúteos, isquiotibiales, tensor de la fascia lata, gastrocnemio lateral, soleo y fascia plantar, principalmente. Esto se logra a través de ejercicios de elongación, masoterapia, foam roller, punción seca, osteopatía, terapia manual, quiropraxia... Posteriormente se ejecutan ejercicios de estabilidad, propiocepción y potenciación de la musculatura de columna lumbar y región glútea, así como ejercicios de estabilización lumbo-pélvicos, rodilla, tobillo y pie”, expone.

Otras Opciones

La profesional precisa que alternativas como la osteopatía, kinesiología aplicada, quiropraxia y terapia manual ortopédica intentan solucionar la causa del problema. Esto, siempre y cuando no se haya generado una alteración que provoca cambios morfológicos en el tejido como adherencias y calcificaciones. “Si éstas son muy grandes es posible que se necesiten ocupar otras técnicas incorporadas en los últimos años a la fisioterapia avanzada, las cuales incluyen terapias mínimamente invasivas guiadas por ecografía de alta resolución, como la EPI (electrolisis percutánea intratisular), la proloterapia y las ondas de choque. Son procedimientos que limpian o destruyen el tejido dañado como paso previo a las terapias biológicas, como las infiltraciones con plasma rico en factores de crecimiento”, explica.
Si el cuadro clínico se torna crónico y la respuesta al tratamiento médico y kinésico no es exitoso, entonces conviene realizar cirugía, “que es muy efectiva, obteniéndose la curación completa de esta patología”, revela el Dr. Azar.