Practicar deportes como el running de manera regular ayuda a prevenir esta enfermedad y es un muy buen complemento para su tratamiento.

Por Rodrigo A. Cauas E.
Psicología y Coaching Deportivo
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La práctica regular de ejercicio físico (al menos 3 veces por semana) entrega numerosos beneficios para la salud de las personas. Especialmente frente a enfermedades tan comunes como la ansiedad, algunas fobias, trastornos de pánico, como también para fortalecer ciertos componentes de la personalidad como la autoestima, la autoconfianza, la tolerancia a la frustración, introyección de normas y la socialización.
Por cierto, es también una efectiva ayuda para afrontar una de las patologías más comunes de esta época: la depresión.
A nivel preventivo el ejercicio físico contribuye a controlar la aparición de ciertos síntomas de dicha enfermedad; de hecho, algunas investigaciones apuntan a que se reduce en un 50% la probabilidad de una depresión. Pero los efectos más importantes se producen cuando se toma como un complemento al tratamiento psicológico o psiquiátrico de la depresión.

Beneficio Orgánico

El primer beneficio tiene que ver con la secreción de ciertas sustancias antidepresivas, como la endorfina que se producen en el cerebro, la hipófisis y otros tejidos. Estas sustancias reducen considerablemente la sensación de dolor, aumentando el estado de ánimo y la sensación somática de bienestar.
Estos estados de ánimos pueden ser transitorios o variables, durando unas cuantas horas, o incluso días, pero con efectos mediáticos en las personas que padecen esta patología.
Este hallazgo además es muy importante, ya que permite comenzar a comprender y estudiar el origen de la dependencia psicológica y/o fisiológica al ejercicio físico y su posterior clasificación de positiva y negativa.
Hoy incluso existe una evidencia importante que el ejercicio cumpliría una mejor función en la reducción de los síntomas cuando se remplaza por un segundo medicamento en personas con depresión.

Tipos de Ejercicios

Este tema ha estado en entredicho por mucho tiempo, pero se ha comprobado que la intensidad del ejercicio no está relacionada con cambios en los síntomas de la depresión, sino que más bien, la frecuencia es la clave del éxito. Así, cuanto mayor es el número total de sesiones (y por lo tanto más largo el programa de ejercicios), mayor es la reducción de los niveles de depresión.
Entre los ejercicios más saludables se encuentran: trotar, salir a caminar (con una intensidad más alta que lo habitual), andar en bicicleta, nadar, danzar… ya que son las actividades aeróbicas las que están más asociadas a cambios positivos en el estado de ánimo.
Todos estos ejercicios permiten el surgimiento de la denominada “quinta velocidad del corredor”, fenómeno vivenciado por las personas después de realizar algún tipo de actividad física y que se caracteriza, por ejemplo, por la presencia de euforia, espiritualidad, potencia, movimiento sin esfuerzo, sensación de suspensión, relajación, inmersión completa en la actividad (concentración), etc.

Impacto en el Largo Plazo

Otra de las situaciones que se ha estudiado de manera rigurosa es el plazo en que disminuyen los síntomas de la depresión producto del ejercicio. Y se ha puesto de manifiesto que el ejercicio regular está relacionado con disminuciones de la depresión sólo al largo plazo. Esto se debe a que la base fisiológica de las sustancias antidepresivas requiere de un tiempo de generación y además a los beneficios cognitivos secundarios que afectan positivamente al autoconcepto. Esto, debido al cumplimiento de ciertos objetivos (ejercicios, rutinas, programas), cambio en la imagen corporal, refuerzo social y adopción de conductas saludables (alimentación).
Por ende, es difícil esperar que al cabo de una o dos semanas una persona reduzca totalmente sus síntomas de depresión producto de la actividad física, pero sí experimentará pequeños avances que la harán vislumbrar con mayor optimismo su recuperación.

*Artículo publicado en Run for Life n° 46, junio 2015.