Este factor sicológico está presente prácticamente en todos los deportistas y no desaparece solo, por lo que es necesario aplicar acciones concretas para mantenerlo a raya.

Por Rodrigo A. Cauas E.
Psicólogo Deportivo Federación de Triatlón
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La ansiedad es probablemente una de las variables psicológicas más difíciles de controlar en el ámbito del deporte. Esto, porque es un factor que se hace presente en la mayoría de las personas y en casi todos los deportistas que se enfrentan a un reto, competitivo o no competitivo. 

Esta variable tiene tres características importantes que hacen, aún más difícil, su trabajo y su control:

• Transversalidad: La ansiedad está presente casi siempre en deportistas jóvenes o experimentados, en deportes de oposición o sin oposición, deportes aeróbicos o anaeróbicos, en mujeres y hombres, en deportistas formativos o de alto rendimiento. Es decir, cruza la amplia gama de posibilidades y afecta a todos de alguna u otra manera.

• Imprevisto: Además se trata de un factor psicológico que irrumpe de manera inesperada, es decir, sin previo aviso y comúnmente en momentos donde el deportista debe tener la tranquilidad para ejecutar bien su deporte. Se estima que hasta dos semanas antes de un evento competitivo ya pueden empezar a experimentarse los síntomas de ansiedad, pero cuando el evento es inminente sus manifestaciones se hacen mucho más evidentes, intensificándose los síntomas.

• Acción concreta: Es importante tener claro que la ansiedad no desaparece sola ni de manera mágica. Sólo se va o se neutraliza cuando aplicamos alguna herramienta específica para que ello ocurra.

Cabe destacar que la ansiedad que experimentan las personas puede ser muy puntual y deberse a un hecho específico, configurando lo que se denomina “ansiedad estado”. En otros casos puede ser un poco más permanente y manifestarse de manera más frecuente, y se le llama “ansiedad rasgo” ya que formaría parte de la personalidad de un sujeto.
En el deporte, y más aún en el competitivo, se suele observar mucho más la aparición de “ansiedad estado”, ya que son los propios eventos los que suelen aumentar esta variable.

Uso de Ansiolíticos

Como ya se mencionó, por la naturaleza misma de la ansiedad, se hace necesario que desarrollemos mecanismos certeros para poder controlarla. A veces no son muy eficaces las técnicas de relajación que comúnmente se utilizan en el contexto del ejercicio físico, y ahí es donde aparece la utilización de los ansiolíticos.
Éstos corresponden a diversos fármacos que se usan habitualmente para regular y disminuir los síntomas de la ansiedad. Los ansiolíticos actúan sobre un neurotransmisor (molécula liberada por las neuronas al espacio sináptico donde ejerce su función sobre otras neuronas u otras células) denominado GABA (ácido aminobuitírico). Son verdaderamente útiles para combatir estados de ansiedad o cuadros de estrés agudo. En general, pueden ser una buena alternativa para momentos determinados y fines bien específicos, o bien cuando las técnicas cognitivas o corporales de relajación no están dando resultados. Pero como ocurre con la mayoría de los remedios, hay que ser prudentes a la hora de consumirlos, sobre todo cuando esta ansiedad se entremezcla con el ejercicio físico o deporte.
¿Cómo utilizarlos adecuadamente? La primera regla de oro es evitar lo más posible el uso de este tipo de fármacos, ya que está comprobado que después de unos 6 meses a partir de su empleo pierden su efectividad y además generan tolerancia y acostumbramiento en el organismo. Esto último es muy importante porque va obligando a aumentar su consumo cada cierto tiempo para poder seguir obteniendo el mismo beneficio.

Efecto Adictivo y Doping

Lo segundo es que los ansiolíticos tienen un efecto adictivo, ya que utilizan los mismos mecanismos que ocupan otras drogas adictivas como la cocaína. Y lo tercero es que constituyen doping, por lo que en los deportes de alto rendimiento no se suelen utilizar masivamente.
Antes de ocuparlos, es importante verificar si la ansiedad es de tipo “estado” o “rasgo”. En el primer caso no tendría mucho sentido utilizar estos fármacos, siendo preferible forzar fuertemente la utilización de técnicas de relajación como las de respiración, la relajación progresiva, el entrenamiento autógeno, los masajes, etc.
Si el tipo de ansiedad que se experimenta es de “rasgo”, será un poco más recomendable usar ansiolíticos por un breve tiempo mientras paralelamente se hace un trabajo psicoterapeútico que permita resolver el problema de manera más profunda.